Relación entre emociones y enfermedad. Una reflexión desde la psicología de la salud

Según la OMS la enfermedad se define como aquella «alteración o desviación del estado fisiológico en una o varias partes del cuerpo, por causas en general conocidas, manifestada por síntomas y signos característicos, y cuya evolución es más o menos previsible».

Toda enfermedad y el hecho de enfermar cuenta con aspectos psicológicos que afectan a la aparición, curso y pronóstico, aspectos que se relacionan con factores sociales y biológicos. Experimentamos reacciones emocionales de manera inevitable y vendrán determinadas e influenciadas por nuestras experiencias previas, apoyo familiar/ social existente y percibido, edad…y, por supuesto, tipo de enfermedad, profesional médico o de cómo se comunica dicha noticia.

Y ¿qué son las emociones? Se trata de procesos que se activan cuando el organismo detecta alguna amenaza, peligro o desequilibrio con el objetivo de poner en marcha los recursos que tenga el individuo a su alcance para controlar dicha situación (Fernández-Abascal y Palmero, 1999). Son mecanismos que nos ayudan a reaccionar rápidamente ante sucesos inesperados, funcionando de manera impulsiva, automática, preparando a cada organismo para dar una respuesta diferente. Dependiendo de nuestras experiencias reaccionaremos de una forma u otra ante situaciones similares.

Pensemos por un momento en algún momento concreto de nuestra historia de salud y enfermedad: ¿cómo lo vivimos?¿qué emociones aparecieron?¿nos afectaron nuestras reacciones hasta el punto de hacernos sentir peor? Los pacientes experimentan un número importante de reacciones emocionales antes y después del diagnóstico, ante los diferentes procedimientos médicos o la hospitalización. Existe incertidumbre, miedo, ansiedad, negación…, emociones que sin ser por sí mismas patológicas pueden afectar al propio proceso de salud-enfermedad.

Las reacciones que acompañan a muchos procesos de enfermedad constituyen la principal razón del interés de la psicología en este ámbito y del resto de disciplinas de la salud, que avalan la relación entre los factores psicológicos, la enfermedad y la salud física.

Corazón y cerebro unidos por un conector. Salud física y emociones

Reacciones emocionales como la ira, la hostilidad, el miedo, la tristeza, la depresión, la ansiedad o el estrés presentan correlatos fisiológicos, resultado de complicados mecanismos que por influencia del Sistema Nervioso afectan a las secreciones glandulares, los órganos y tejidos, los músculos y la sangre.

Las emociones se han planteado como una de las variables a tratar y controlar en la nueva concepción de salud, en la que recordemos, ésta se contempla como un estado no solo de bienestar físico, sino también mental y social, siendo un todo y no meramente la ausencia del mal o la enfermedad.

Así, las emociones negativas como la ansiedad, el estrés, la ira, son factores de riesgo notorios en la génesis de determinadas enfermedades, existiendo variables cognitivas que tienen que ver con la forma de interpretar y afrontar las situaciones problemáticas. Además, las emociones no tienen sólo un rol de factor precipitante o causante de la enfermedad sino que también son responsables del desarrollo, agravamiento, y cronificación de la misma.

Al mismo tiempo los estados emocionales representan un factor de riesgo muy especial cuando se cronifican ya que en ese caso afectan a la salud por inducción de hábitos conductuales poco saludables: la ingesta de alcohol, el consumo de tabaco, una dieta poco variada, y con exceso de grasas, y la escasa actividad física.

Las emociones no adaptativas (incluso patológicas) aumentan el sufrimiento al experimentar la enfermedad, contribuyen a agravarla y perturban el tratamiento (médico) prescrito, manifestándose en las reacciones ante el diagnóstico. Si son intensas, frecuentes y/o prolongadas, pueden contribuir en mucho a cambiar la progresión de la enfermedad, sea ésta común (inofensiva), aguda, crónica o terminal, transformándola de transitoria en crónica y la recuperación, en recaída

Pueden perturbar las actitudes del paciente con respecto a las personas que tienen a cargo el cuidado de su salud, con su propia familia e incluso influir negativamente en el cumplimiento de las prescripciones médicas. El paciente puede tomar decisiones que interfieran su proceso de curación avectando a la adhesión al tratamiento, aspecto que se torna clave en las enfermedades crónicas.

La Psicología tiene un rol decisivo que cumplir en el diseño de tratamientos que modifiquen las consecuencias negativas derivadas de la relación entre emoción y enfermedad, así como en el estudio de las disfunciones cognitivas, en los problemas de procesamiento cognitivo y en la dificultad para expresar las emociones: tanto la falta de control de las emociones como la no expresión de las mismas, parecerían ser factores de riesgo que aumentan la vulnerabilidad hacia el padecimiento de distintas enfermedades.

El papel del profesional va dirigido a modificar las emociones inadecuadas del enfermo, porque lo hacen sufrir aún más e interfieren en su conducta para prevenir la enfermedad o para adherirse al tratamiento médico; impedir que las emociones inadecuadas contribuyan como factor causal más o menos directo al surgimiento o resurgimiento de la enfermedad, a semejanza de otros determinantes concretos, como el microbio, el frío, el alcohol, la inactividad física o la automedicación errada; cambiar los hábitos o estilo de vida de la persona sin previsión y evitar situaciones de riesgo de contraer la enfermedad. Así, se espera que esta transformación de la conducta lleve consigo la disminución de la emocionalidad excesiva.

Como contrapartida, la alegría, el buen humor, la solidaridad, la empatía y la esperanza son elementos que ayudan a preservan nuestra salud física y mental.

 

FUENTES:

Autor entrada: Vanesa Pérez Padilla

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