COVID-19: las TICs como factor de protección de nuestros mayores ante la soledad

El estado de alarma decretado por el Gobierno el pasado 14 de marzo ha sido una medida imprescindible para frenar la expansión del Covid-19.

Este encierro, que ha superado ya la friolera de dos meses, no ha sido algo que haya atravesado nuestras vidas de manera superficial, o que haya pasado de soslayo, sino todo lo contrario. Mucho se habla de las consecuencias psicológicas y emocionales que la población, en general y sin excepción de edades, pueda desarrollar con el tiempo. Y es que nadie estaba preparado para lo que en un primero momento parecía una enfermedad pasajera y se tornó en pandemia mundial. Casi nada.

Pero sin duda, si hay un colectivo que ha resultado especialmente vulnerable a este virus en todas sus vertientes, tanto como población de riesgo, como por el aislamiento necesario, son los adultos mayores y ancianos.

Anciano con mascarilla

Imagen de RitaE en Pixabay

Uno de los primeros varapalos que sufrieron fue precisamente la obligación de cumplir una de las medidas fundamentales que implica guardar la distancia física en ese esfuerzo por aplanar la famosa curva de contagios. Para ello se restringieron las visitas a domicilio a familiares y conocidos. Tan solo se ha podido mantener contacto con profesionales sanitarios, de atención a domicilio o cuidadores.

Y ese distanciamiento físico en muchos casos ha dado paso a un aislamiento social y a una vida en soledad.

Los últimos datos de la Encuesta Continua de Hogares (ECH) del Instituto Nacional de Estadística (2019) revelaban que 4,7 millones de personas viven solas en España. De esta cifra, 2.037.700 (un 43,1%) tienen 65 o más años, y de ellas, 1.465.600 (un 71,9%) eran mujeres.

Así, nos encontramos ante un colectivo que por sus características tiene un perfil de mayor riesgo sanitario pero a su vez son susceptibles de un mayor riesgo social ocasionado por, precisamente, la soledad.

Muchas de estas personas contaban en su día a día con el apoyo de familiares, de hijos, de nietos que, si bien no en todos los casos convivían con ellos, suponían un soporte emocional y de apoyo fundamentales. Así, muchos de estos mayores que no se consideraban aislados o viviendo en soledad ahora se encuentran experimentando un aislamiento social que no saben cómo afrontar y les supera.

No es algo intrínseco al envejecimiento, pero sí se ve aumentado por éste debido al ciclo vital que lleva a la jubilación, a la pérdida de facultades físicas, de funcionalidad, al fallecimiento de cónyuges, familiares y amigos… Esto genera una desconexión que ahora, con las condiciones actuales, se ha visto incrementada.

Así, nos encontramos con que la soledad crónica se ha convertido en un problema de salud pública cuya gravedad ha empeorado por la pandemia que estamos viviendo.

 

CONSECUENCIAS FÍSICAS Y EMOCIONALES DE LA SOLEDAD Y EL AISLAMIENTO

La incertidumbre sobre la evolución del virus y de lo que implica, además del hecho de tener restringidas las salidas y no poder ver a los seres queridos puede afectar de manera muy negativa al estado de ánimo, aumentando las posibilidades de sufrir insomnio, ansiedad o depresión. Estas patologías ya son más frecuentes en personas que viven en soledad o aisladas, concretamente un 50% más en el riesgo de demencia y una mayor incidencia en las ya comentadas.

Los sentimientos de aislamiento pueden aumentar el riesgo de sufrir presión arterial alta y reducir la resistencia del sistema inmunológico a las infecciones.

El aumento del sedentarismo, la ruptura de rutinas habituales que implican realizar actividades físicas va a dificultar la movilidad, repercutiendo por tanto en la salud física, por lo que se está estableciendo un círculo vicioso complejo de romper y que puede llegar a suponer empeoramiento de la salud en general, así como de patologías existentes (cardiacas, hipertensión, diabetes, óseas…). Y ni que decir tiene del riesgo de sufrir accidentes domésticos.

Por otro lado el impacto emocional del confinamiento está siendo traumático en algunos casos. Asumir la nueva situación y cumplir con el encierro ha supuesto un enorme esfuerzo para todos, más para aquellos que viven en soledad porque los seres humanos somos por definición sociales. Esta soledad no buscada, puede ser muy negativa y la manera de hacerle frente dependerá de múltiples variables tales como características de personalidad, experiencias previas, edad, redes de apoyo percibidas, nivel educativo, recursos…

Según un estudio llevado a cabo por John Cacioppo, profesor de psicología en la Universidad de Chicago, la soledad, cuando es impuesta, puede aumentar hasta en un 14% el riesgo de muerte prematura. Además, la disminución de las relaciones sociales aumenta el riesgo de un rápido deterioro cognitivo y demencia.

El no poder estar físicamente con hijos y nietos, el mostrar ese afecto físico tan necesario para muchos, algo que los ancla a la vida -como muchos manifiestan- los ha vuelto mucho más vulnerables, disminuyendo su alegría, generando tristeza, sensación de desesperanza, pensamientos de abandono…Y es que para algunas personas, la vinculación emocional a través de lo físico con las personas es fundamental

Por último, el miedo a morir solos sin poderse despedir. Lo ven en las noticias diariamente y es inevitable verse en esa situación, especialmente si son personas con un estado de salud delicado o frágil. En este momento son más conscientes que nunca de esa fragilidad. ¿Podéis imaginar qué sensación de impotencia, temor y tristeza?

 

FACTORES DE PROTECCIÓN: CÓMO GESTIONAR MEJOR EL CONFINAMIENTO

Muchos profesionales abogan por mantener la calma, un espíritu positivo, centrarse en el presente… esto es lo lógico, lo razonable, pero ¿es fácil, factible? No siempre será posible.

Sin duda algo que puede ayudar es apoyarse en experiencias previas que hayan sido duras y hayan supuesto un desafío y una lucha por la superación, y que por supuesto, hayan sido positivas.

En este punto es fundamental el control (y limitación) de la información. Las personas mayores son proclives a integrar bulos e información inexacta como verdades, sin saber contrastar. Y es que la máxima de «si sale en la televisión o internet, ¿cómo no va a ser verdad?» es para muchos un axioma.

Mantener la mente ocupada y seguir haciendo ejercicios en casa, sin dejar de moverse cada cierto tiempo, serían otros de los pilares estratégicos fundamentales a la hora de mantener el autocuidado, en la medida de lo posible.

La flexibilidad de las salidas desde el día dos de mayo han posibilitado que se pueda salir a la calle y esto es fundamental para preservar la movilidad y no perder funcionalidad.

Y, por supuesto, tratar de mantener el contacto social y familiar a distancia de manera regular. Aquí las tecnologías se han revelado como las mejores aliadas de los mayores en la lucha contra esta soledad impuesta.

 

LA TECNOLOGíA, LOS MEJORES ALIADOS DE NUESTROS MAYORES

Algunos de nuestros mayores apenas estaban aprendiendo a utilizar internet mientras trataban de manejar smartphones cuando, de la noche a la mañana se han visto utilizando aplicaciones de videollamadas para poder sentirse más cerca de los suyos: whatsapp, mayor uso de redes sociales, skype, facetime, hangouts…

Las nuevas tecnologías se han convertido en salvadoras, un gran aliado para vencer la soledad permitiendo ese contacto -lo más directo posible- sin exponer la salud de nadie y minimizando la sensación de aislamiento.

Muchas de estas personas llegaron -por cuestiones generacionales- tarde a la revolución digital. Se fueron incorporando poco a poco. Algunas con mayor resistencia, otras encantadas por las posibilidades. Y de pronto una pandemia ha mostrado los beneficios sociales de las TICs -para toda la población-.

El factor principal para esta digitalización ha sido la ruptura de barreras psicológicas y tabúes que el entorno online suponía para este segmento de población. De pronto han podido comprobar de primera mano la rapidez, comodidad, sencillez, las posibilidades. Las tecnologías al servicio de la comunicación social, de la persona, minimizando la soledad, llevando momentos de humor, de ternura, posibilitando el contacto visual que proporciona una mayor cercanía que la llamada de voz…

El poder contactar con los profesionales de la salud, hacer las compras de primera necesidad, gestiones bancarias…Poder tener al otro lado a voluntarios que desde todo tipo de asociaciones, entidades, se han prestado para teleacompañar a los más vulnerables regalando tiempo, ánimos y superando la vertiente más psicológica de este virus.

Incluso el poder explicarles cómo es esto de las videollamadas, twitter o los memes, o lo que es casi más importante, acercarles información veraz ayudándoles a discriminar la que es cierta de la que no…una auténtica revolución, el mejor de los remedios.

La sorprendente flexibilidad que han demostrado es digna de alabanza y un ejemplo de cómo no podemos subestimar a unas generaciones que no lo tuvieron tan fácil como nosotros y que son los responsables de que contemos con tantos derechos y oportunidades. De hecho, según datos del  Instituto Nacional de Estadística (2019) más de la mitad de la población a partir de 70 años apenas hacía uso de internet hace unos meses. Y ahora es un imprescindible…

Y con todas estas brechas digitales nos llevan ventaja: el valorar más la calidad que la cantidad de las interacciones es un factor de protección que les está haciendo más fuertes. Tanto por aprender.

 

FUENTES

La tecnología, aliada de los mayores para combatir la soledad. (11/04/2020). 65 y más

Just What Older People Didn’t Need: More Isolation  Span, L. (13/04/2020). New york times

Video chats can ease social isolation for older adults during coronavirus pandemic. (14(04/2020). The conversation

Soledad en mayores y coronavirus: cómo repercute en los más vulnerables.  Felipe, L. (03/04/2020). Innova Asistencial

Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares (16/10/2019). Instituto nacional de estadística

Association of Loneliness with All-cause Mortality: A Meta-Analysis. Rico-Uribe L, Caballero FF, Martín-María N, Cabello M, Ayuso-Mateos JL, Miret M.  (04/01/2018) PLOS ONE. Doi: 10.1371/journal.pone.0190033.

Evolutionary Mechanisms for Loneliness. Cacioppo, J.T;  Cacioppo, S & Boomsma, D.I (2014). Cognition & Emotion, 28, 3-21.

Autor entrada: Vanesa Pérez Padilla

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