Comunicación de malas noticias en el ámbito sanitario

Una mala noticia en el ámbito sanitario se asocia generalmente y con frecuencia a informar sobre el fallecimiento de una persona, pero por supuesto no es la única situación.

«Son las informaciones que suponen consecuencias negativas, que alteran de forma drástica la visión que una persona tiene de sí misma y de su futuro.» (GIPEC)

El grado estará determinado por la distancia que separa las expectativas de futuro de la realidad de la situación.

Cuando se da la circunstancia en la que se debe comunicar una mala noticia se experimentan dolor así como ciertos niveles de ansiedad, tanto por parte del emisor (profesional) como del receptor (paciente, acompañante). Es inevitable.

El cómo vamos a  comunicar y las palabras que vamos a utilizar importan, mucho, y es posible aprender a transmitirlas, de manera que con determinadas estrategias se puede reducir enormemente el impacto psicológico.

Médico dando una mala noticia a un anciano que se tapa la cara

MIEDOS ANTE LA COMUNICACIÓN DE MALAS NOTICIAS

La emoción que se experimenta principalmente cuando se tiene que comunicar una noticia de estas características es el miedo (asociado a otras emociones y sensaciones), concretamente cinco grandes miedos:

  • Miedo a causar dolor al otro, y para este dolor no hay alivio o tratamiento que elimine el mismo, como los analgésicos hacen ante el dolor físico.
  • Miedo de ser culpado como reacción del receptor de la misma: «seguro que podían haber hecho algo más», «si hubieran puesto más interés»… reacciones que van a recaer sobre el profesional más inmediato. Hay que recordar que es completamente normal, debemos escuchar y explicar qué se ha podido o no hacer
  • Miedo a lo desconocido dado que abordar estas situaciones es algo para lo que no te preparan y que en la realidad, en el momento de tener que afrontarlo dista mucho de cualquier marco teórico. Cada persona y cada situación tiene sus propias especificidades y hablamos de emociones, inespecíficas e impredecibles.
  • Miedo por empatía ante la emoción del otro. No se puede olvidar que la mala noticia no es sobre uno mismo, sino sobre la otra persona y no se debe perder la perspectiva aunque empatizar va a facilitar la labor.
  • Miedo a decir no lo sé por si se da la impresión de ser menos profesional. Todo lo contrario, es honesto y muy profesional demostrar la honestidad cuando no se tiene toda la información.

 

CÓMO COMUNICAR MALAS NOTICIAS

Buckman (1984), describe un modelo de comunicación de malas noticias dinámico. Se trata de un procedimiento breve de seis pasos que se va depurando conforme el profesional adquiere experiencia, aprendiendo sobre qué pasos seguir y cuáles omitir:

1.- Preparación previa.

Implica tener -en la medida de lo posible- un espacio lo más seguro y tranquilo posible en el que mantener la privacidad y evitar el mayor número de distracciones, generando confort. Es el momento de identificar al receptor de la noticia observando y preguntando de manera directa o indirecta. Hay que mantener una actitud de amabilidad y cortesía siempre.

2.- Descubrimiento de la información sobre la situación

Orientado a hacerse una idea aproximada de lo que el receptor conoce sobre la noticia que se va a transmitir, se atenderá a

1) el grado de comprensión de la situación médica del paciente y el impacto emocional de la misma, tratando de evitar palabras con contenido negativo, y respetando la negación del otro como un mecanismo adaptativo.

2) características culturales, prestando atención a cómo se expresa el otro para ajustar la comunicación de manera individualizada.

3) contenidos emocionales de las palabras, atendiendo tanto a lenguaje verbal como no verbal.

3.- Reconocer qué y cuánta información se quiere saber

Identificando qué resulta prioritario transmitir según la necesidad del receptor, algo que puede no concordar con lo que el profesional desea compartir.

4.- Compartir información

De manera clara, respetando las prioridades del otro, comprobando la comprensión, permitiendo interrupciones y preguntas, con una descripción del estado del paciente y de lo sucedido hasta el momento, teniendo en consideración el estado físico, psicológico y emocional del receptor. Se deben respetar las diferentes manifestaciones ante la noticia que pueden abarcar desde gritos, llantos, etc.  Si se presenta rechazo de entrada se dosificará esta para ir facilitando la asimilación. Por último se debe mantener coherencia entre el lenguaje verbal y el no verbal.

5.- Respuesta a las reacciones

Se centran en tres puntos:

1) Si es o no una respuesta aceptable para o bien respetarla o bien interrumpir la conducta.

2) Si es o no una reacción de adaptación que ayuda a aliviar el momento o no, favoreciendo bien el acompañamiento, bien limitando la continuidad de dicha conducta en caso contrario.

3) Si es o no una reacción modificable, que pueda perjudicar más el estado del receptor de la noticia y el entorno, de manera que se valorará el grado de conocimiento que esa reacción puede ser perjudicial, la disposición a cambiarla y la posibilidad de negociar para llegar al cambio. Si no hay una actitud favorable para esto, la reacción no será modificable y habrá que limitarse a acompañar.

6.-Planes a corto plazo tras la noticia

Se ofrecerá  una guía al tiempo que se reiterará el apoyo profesional. En este punto se propone aceptar opiniones de los receptores, reducir la incertidumbre, aportar información comprensible, respetar los silencios, evitar juicios o consejos, responder a todas las cuestiones, ser sinceros, informar tan solo sobre aquello que sea una certeza, garantizar que se ha hecho todo lo posible y explicar claramente cada paso a seguir.

La manera en que damos las malas noticias afecta la capacidad de afrontamiento de la enfermedad por parte del paciente y su familia, sin hablar de la satisfacción con la atención sanitaria y, especialmente, con el médico.

Los modelos de comunicación para dar malas noticias pueden ayudar a mejorar la relación,  disminuir la angustia y estrés del paciente. Aunque es un modelo que como hemos comentado no requiere mucho tiempo, no deja de ser una destreza relativamente complicada y que precisa de un entrenamiento para poder ser realizada con soltura. Se recomienda dedicar un tiempo y esfuerzo mínimos para conocer los detalles técnicos y ponerlos en práctica en condiciones de bajo riesgo.

 

Fuentes:

Autor entrada: Vanesa Pérez Padilla

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