Cariño, ¿vacunamos a los niños?

Si la ciencia ya ha demostrado la eficacia de las vacunas, ¿por qué se puede elegir hoy en día prescindir de ellas? ¿Tiene cabida a estas alturas poner en cuestión sus beneficios? Hoy, cuando más información tenemos a nuestro alcance sobre su capacidad para salvar millones de vidas, la Organización Mundial de la Salud incluye la duda vacunal como una de las 10 alertas sanitarias mundiales para el 2019. Por este motivo queremos saber qué puede motivar a una familia española a no querer vacunar a sus hijos. Y junto a  investigadores y científicos intentaremos despejar la duda en esta ecuación y entender mejor de dónde viene.

Siempre se tiene alguna duda. Pero es normal, teniendo encima una presión social tan agobiante. Y teniendo que remar a contracorriente, en lo que empieza a convertirse en una caza de brujas, tildando a los padres antivacunas de ignorantes e inconscientes, sin comprender que lo que puede mover a un padre a no querer vacunar es precisamente el amor y la preocupación por la salud de sus hijos. Complicado ver la luz desde la caverna”. Podrían ser las palabras de cualquier familia hoy en día antes de entrar a vacunar a sus hijos. Solo que en este caso la elección es la contraria.

Las dudas sobre la vacunación y su eficacia están ahí. Los recelos sobre las bondades de las vacunas no son patrimonio de grupos radicales estadounidenses. O de nuestros vecinos franceses, apuntando más cerca. También se dan aquí, en nuestro país, de donde son los padres “informados”, como ellos mismos indican, quienes nos explican su decisión y motivación para no vacunar a sus hijos.

Testimonio que precisamente han querido que fuera anónimo por la reacción que encuentran en su entorno al hablar abiertamente de su elección: “Presión por todas partes: familia, pediatra, amistades, medios de comunicación… Lo cual hace complicado enfrentarse a toda esta postverdad de falacias constantes que se vierten respecto al tema de la vacunación. Incomprensión social, que al final te lleva a no hablar del tema con nadie, para evitar discusiones y críticas poco constructivas, más bien de corte inquisitorial”.

Lo cierto es que sí existe una opinión generalizada, esa “presión social” a la que aluden estos padres, a los que llamaremos Pedro y María, por ejemplo, a favor de la vacunación. Al menos abiertamente.

Ignacio López-Goñi, doctor en Biología, divulgador y autor de libros como Las vacunas funcionan (Ed. Next Door) nos lo confirma: “En España no creo que haya un movimiento antivacunas organizado y beligerante como puede haber en otros países. Lo que sí hay es cada vez más padres y madres que dudan de las vacunas, de si deben ponerlas todas o si deben seguir el calendario vacunal.”  

O qué calendario deben seguir, podemos añadir. Ya que a día de hoy no existe uniformidad de criterio entre las diferentes comunidades autónomas, cada una con su propio calendario vacunal. Y frente a ellos o más bien, de manera paralela, la Asociación de Pediatría Española (AEP) publica sus propias recomendaciones con vacunas recomendadas fuera de los calendarios oficiales. Y esta multiplicidad de opciones suma puntos a los indecisos. ¿Por qué diferentes recomendaciones? ¿Por qué hay vacunas obligatorias y otras recomendadas a elección de la familia?

La AEP siempre va a defender lo adecuado para la salud de los niños y si existieran cien vacunas más, eficaces, comprobadas, que evitasen enfermedades, siempre las recomendaría independientemente del calendario que cada comunidad autónoma haga, ya que ésto depende en definitiva de la política”, nos comenta Ana Isabel Cristina de la Torre, vicepresidenta de la Sociedad de Pediatría de Madrid y Castilla-La Mancha, para quien la prioridad ahora mismo está en dar buena información a todas las familias desde las consultas de Atención Primaria, pero quien, en el día a día, no se encuentra con oposición real en sus consultas con las familias, sino más bien con recelos puntuales: ”Los motivos más frecuentes que suelen dar estos padres para no vacunar son que es mejor que padezcan la enfermedad que vacunarles, el miedo a los efectos adversos de las vacunas, a que les provoquen enfermedades y que si se les vacuna se les sobrecarga el sistema inmune”.

El primer frente: la Atención Primaria
En los centros de salud no informan de posibles efectos secundarios, solo te dicen que igual se le hincha un poco el brazo o que quizá tenga fiebre durante un par de días, y ya está”, comentan Pedro y María sobre este primer punto de encuentro entre padres y sanitarios, los centros de atención primaria. Y el personal que atiende a las familias directamente desde el parto. “Nuestro hijo mayor solo tiene una vacuna, la de la hepatitis B, porque nos despistamos en el hospital, se la pusieron nada más nacer y casi ni nos dimos cuenta. Para el segundo estuvimos más atentos y ya advertimos de antemano que no queríamos que le vacunaran de nada”.

Los bloques obstétricos en los hospitales y los centros de Atención Primaria son por lo tanto un punto clave a la hora de informar a las familias con dudas. Precisamente lo señala la investigadora Emilia H. López Pareja, autora del libro El movimiento antivacunas, (Ed. Los Libros de la Catarata) quien ha estudiado las dinámicas sociales y los factores que ayudan a activar este rechazo: “La implicación de los profesionales de Atención Primaria, con un papel destacado de la enfermería, las campañas institucionales de promoción de la vacunación, el papel difusor, formativo e informativo entre los pediatras y la población general y la gratuidad de las vacunas del calendario oficial. Estos deberían ser los ejes centrales que todos los organismos públicos con competencias en la cuestión deberían reforzar”.

Las dudas sobre vacunación, amenaza para la salud mundial

Este pasado mes de enero la Organización Mundial de la salud incluía la renuencia a la vacunación como una de las 10 principales amenazas sanitarias para este 2019. Las dudas a la inmunización están, de esta forma, junto a retos a nivel mundial como la contaminación y el cambio climático, las enfermedades no transmisibles como la diabetes y las cardiopatías, las resistencias a los antibióticos o el virus del ébola o del dengue.

Campaña de la Organización Mundial de la Salud para reforzar la vacunación (Fuente: OMS)

 

Los motivos para incluir a los movimientos antivacunas en este lista son, según su comité asesor, muy complejos y requieren estrategias nuevas, pero hitos como que en el 2018 una enfermedad prevenible mediante la vacunación como el sarampión haya crecido un 30% a nivel mundial, obliga a tomar medidas.

Y en ese sentido trabaja con su Plan de acción mundial sobre vacunas 2011-2020 con un objetivo primordial: “mejorar la salud mediante la ampliación más allá de 2020 de todos los beneficios de la inmunización a todas las personas, independientemente de su lugar de nacimiento, quiénes son o dónde viven”.

 

¿Por qué se duda?

Frente a una familia que elige no vacunar, llegados a este punto, no podemos evitar preguntarnos: ¿cuáles son los motivos que dan aquellos que eligen no vacunar?

Decidimos no vacunarlos de nada, tras documentarnos mucho y comprobar, entre otras cosas, que hay un sector dentro del propio cuerpo médico (o “ex médico”, pues muchos son apartados de la profesión) en contra de la vacunación, lo cual es cuanto menos inquietante, o tras conocer estudios acerca de los efectos secundarios, enfermedades y fallecimientos causados por las vacunas, tema tabú que trata de taparse”.

Frente a los argumentos contra las vacunas, Ignacio López-Goñi lo tiene claro: “El éxito de las vacunas es su principal enemigo. Tienen tanta eficacia que han dejado de publicitarse sus beneficios”. Coincide con el biólogo, la investigadora Lopera Pareja y añade más: “El olvido social de la enfermedad es otro factor principal. Por ejemplo, yo nací en 1972 y sí recuerdo a niños que se quedaron cojos de por vida por la polio, pero estoy casi segura que la generación millennial no tiene esos recuerdos”.  

¿Funcionan las vacunas? de Ignacio López-Goñi (Fuente: Ed. Nextdoor Publishers)

 

El recelo frente a las farmaceúticas y el negocio de las vacunas es otro de los argumentos. Para la autora de Los movimientos antivacunas la mayoría de las dudas se pueden clasificar en alguna de las siguientes categorías: “Creencias religiosas, motivos ideológicos y de conciencia, dudas sobre la eficacia, miedo a los riesgos y consecuencias de la vacunación y críticas al hecho de que cada vez haya más vacunas, con más compuestos y dirigidas a un mayor número de grupos de riesgo. Otros factores que operan fundamentalmente en los países desarrollados son las polémicas con las nuevas vacunas, como la del virus del papiloma humano, o los viejos debates ya superadas y desmentidas hasta la saciedad, como la falsa creencia de que la vacuna triple vírica causa autismo. La falta de confianza en las instituciones y en la clase política, y la percepción de intereses espurios también pueden influir en el rechazo a la vacunación”.

 

Pero ¿la culpa es de las redes?

Pérdida de confianza en las instituciones, en la eficacia de la inoculación y montañas de argumentos en contra que se acumulan a golpe de clic. Como nos dice Lopera Pareja: “La irrupción de Internet que, a modo de falsa biblioteca de Alejandría, ofrece cantidades enormes de información pero sin ayuda de bibliotecarios eficaces que nos orienten para separar el polvo de la paja, más allá de los algoritmos de los buscadores. Estos algoritmos son un secreto comercial, y lo único que ha trascendido es que no se mantienen estables en el tiempo y que tienen en cuentan nuestras búsquedas anteriores (nos retroalimentan). Desde que llegó Internet, el problema no es la falta de información sino la falta de habilidades para diferenciar las fuentes de información fiables de las que no lo son”.

La prueba está a nuestra alcance. Buscando en Google “Efectos secundarios de las vacunas” tendremos más de seis millones de resultados a nuestra elección y criterio. Con resultados que van desde la página oficial de la AEP hasta la Liga por la libertad de vacunación o artículos de medios generalistas y consolidados como El País sobre vacunas nuevas como la del papiloma humano. Pero no solo las búsquedas en Google ayudan a argumentar contra la eficacia de las vacunas. Un simple rastreo en redes tan pobladas como Facebook, la red social más usada en nuestro país según el último Estudio Anual de Redes Sociales IAB 2018, nos abrirá las puertas de grupos como No a las vacunas, no envenenes a tus hijos, Autismo causado por vacunas o Activismo No vacunas en el mundo, grupos que no vulneran la legalidad de esta red social, aunque sí están sujetas al juicio del resto de usuarios. De hecho, recientemente la página personal del controvertido naturópata Josep Pàmies fue cerrada en esta red debido a las denuncias de otros usuarios (no porque la propia red interviniera directamente) al promocionar la cura del autismo así como su relación directa con el mercurio y las vacunas.

“Quizá los medios de comunicación no deberían dar tanta visibilidad a los movimientos antivacunas”, argumenta López-Goñi en este sentido. “A veces ha ocurrido alguna declaración, sin fundamento ninguno, de algún famosete contra las vacunas que tiene mucha repercusión en los medios, y no somos conscientes del daño que puede hacer. Tampoco tiene mucho sentido poner a debatir posturas a favor o en contra de las vacunas, son temas en los que la mayoría de la comunidad científica está de acuerdo”.

¿Damos demasiado pábulo como medios de comunicación a estos argumentos? ¿Son las redes sociales responsables de lo que difunden sus usuarios?

 

La obligatoriedad como solución (o no)

“En un futuro, nos preocupa que impongan la obligatoriedad de la vacunación, con las  medidas drásticas de exclusión social que conllevaría para con los no vacunados”.

Pedro y María, temen ese momento y además, lo plantea como una posibilidad nada lejana. Ejemplos cercanos no les faltan. La obligatoriedad ya ha sido la opción elegida por países vecinos como Francia o Italia, o más lejanos como Australia, para combatir los brotes de enfermedades ya erradicadas como la viruela o muy controladas como el sarampión. El país galo, por ejemplo, donde sí existe un movimiento organizado antivacunas representado por organizaciones como la Liga Nacional por la Libertad de Vacunas reaccionó a estos movimientos con firmeza, obligando a las familias a la vacunación para poder optar a servicios públicos como la guardería. La decisión de Francia coincide con la de 13 países más, que cierran filas frente a las familias que no desean vacunar: República Checa, Grecia, Letonia, Polonia, Malta, Eslovaquia, Rumanía, Hungría, Eslovenia, Bélgica, Bulgaria y Croacia no dan a elegir.

España, sin embargo, no ha sido uno de ellos. Al menos por ahora. Expertos y autoridades sanitarias coinciden en que los datos en nuestro país no exigen este tipo de medidas coercitivas. Y es más, quizás podrían ser contraproducentes.

La obligatoriedad no siempre es lo más adecuado”, nos dice Lopera Pareja. “Uno de los motivos que propiciaron el rechazo de las primeras vacunas fue precisamente su obligatoriedad, tal y como ocurrió en Reino Unido y Estados Unidos. En la actualidad sigue siendo un tema controvertido a nivel internacional y por múltiples razones. Para empezar, la obligatoriedad no asegura la inmunidad colectiva, como revela el hecho de que países donde las vacunas son obligatorias registran tasas de cobertura bastante más bajas que aquellos países en que no lo son, como ocurre en España”.

Tampoco ve en la obligatoriedad la solución a estos movimientos López-Goñi: “Es necesario volver a explicar a la ciudadanía: qué son, para qué sirven, cómo funcionan y cuántas vidas salvan las vacunas. Campañas para todas las edades, desde los más pequeños, una información básica sobre salud, hasta los más adultos, porque las vacunas no es solo para los niños, también para los adultos. Una etapa muy importante es la de los padres primerizos, deben entender muy bien la importancia de las vacunas”.

Ciertamente, la legislación de nuestro país respeta la libre elección de los padres a la hora de vacunar a sus hijos. Aunque casos como el de la familia obligada a vacunar a su hijo para poder matricular al menor en una guardería de Barcelona, el pasado mes de enero, avivan el debate sobre si las dudas de los padres a la hora de vacunar a sus hijos pueden llegar a convertirse en peligro para la salud pública o no. Algo que por cierto, la OMS sí parece tener claro.

En lo que todos los expertos consultados sí coinciden en que, junto a la información a la ciudadanía y el ejemplo e implicación de los sanitarios en todas las campañas, uno de los aspectos claves para erradicar, si no todas las dudas, sí las enfermedades, sería, sin duda, la cobertura universal de la vacunación. Porque no solo de dudas viven las epidemias y, como señala Lopera Pareja en su libro Los movimientos antivacunas: “Precisamente la exclusión social, y no los estilos de vida y la preferencia por las medicinas alternativas, fue la causa de un grave brote de sarampión ocurrido en 2011 en una barriada con población romaní del municipio de San Juan de Aznalfarache, Sevilla”.

 

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